¿Te pasó alguna vez que alguien que querés estaba atravesando un momento difícil y supiste perfectamente qué decirle?
- “Está bien, hiciste lo que pudiste.”
- “Descansá, mañana será otro día.”
- “No seas tan dura contigo misma.”
Pero cuando sos vos quien se equivoca, está cansada o no llega a todo… ¡AY MAMÁ! 😨😨😨😨
El discurso cambia bastante, ¿verdad?
- “Debería poder con esto.”
- “Otra vez hice todo mal.”
- “No es para tanto, tengo que aguantar.”
La meditación de amor benevolente, también conocida como meditación Metta, es una práctica que nos ayuda a entrenar justamente lo contrario: la capacidad de relacionarnos con nosotros mismos y con otras personas desde una actitud de mayor amabilidad.
¿Qué es la meditación de amor benevolente?
Es una práctica en la que dirigimos intencionalmente deseos de bienestar hacia nosotros mismos y hacia otras personas.
Generalmente utilizamos frases sencillas, como:
- Que pueda estar bien.
- Que pueda estar en paz.
- Que pueda sentirme a salvo.
- Que pueda tratarme con amabilidad.
Pero ojitoooooo:
No se trata de repetir afirmaciones positivas hasta convencernos de algo.
Tampoco hace falta SENTIR amor, paz o felicidad mientras practicamos.
Lo que estamos haciendo es entrenar una INTENCIÓN.
De la misma manera que en mindfulness entrenamos nuestra capacidad de prestar atención, acá entrenamos nuestra capacidad de responder con mayor amabilidad.

¿Cómo se practica?
Normalmente dividimos la práctica en 3 partes:
1. Hacia mí (o sea, hacia vos 😉)
Empezamos dirigiendo esos deseos de bienestar hacia nosotros mismos.
Podés cerrar los ojos, llevar un momento la atención al cuerpo y repetir lentamente:
- Que pueda estar bien.
- Que pueda estar en paz.
- Que pueda sentirme a salvo.
- Que pueda tratarme con amabilidad.
Y acá puede pasar algo curioso: que decirte estas cosas te resulte MUCHO más incómodo que decírselas a otra persona. 😅
No pasa nada.
No necesitás creer completamente las frases ni provocar ninguna emoción especial. La práctica consiste simplemente en ofrecerte ese deseo de bienestar.
2. Hacia alguien que quiero
Después, traemos a la mente a alguien por quien sentimos cariño.
Puede ser una amistad, alguien de nuestra familia, nuestra pareja… ¡¡incluso un animal querido!!
Imaginamos a esa persona o animal y repetimos las mismas frases, ahora dirigidas hacia ella:
- Que puedas estar bien.
- Que puedas estar en paz.
- Que puedas sentirte a salvo.
- Que puedas tratarte con amabilidad.
¡Acá te dejo una meditación guiada para practicar!

Muchas veces esta parte resulta más fácil.
Y eso también nos puede mostrar algo interesante: quizás la amabilidad ya está muy presente en nosotros.
Solo estamos acostumbrados a dirigirla hacia afuera.
3. Ampliando el círculo
Y acá viene la parte desafiante. 👀
Poco a poco podemos empezar a dirigir esos mismos deseos hacia personas con las que no tenemos un vínculo tan cercano.
- Primero puede ser alguien neutral: la persona que te atiende en el supermercado, alguien que ves en el gimnasio o una vecina con quien apenas hablás.
- Y, cuando nos sintamos preparados, podemos practicar con alguien con quien tenemos alguna dificultad.
No, esto NO significa que ahora esa persona tenga que caerte bien. 😂
Tampoco significa justificar lo que hizo, reconciliarte, perdonar algo para lo que todavía no estás preparada ni dejar de poner límites.
La práctica es mucho más sencilla: reconocer que, igual que vos, esa persona también es un ser humano que desea estar bien y evitar el sufrimiento.
Podemos repetir:
- Que puedas estar bien.
- Que puedas estar en paz.
- Que puedas sentirte a salvo.
Y, en algunas versiones de la práctica, el círculo continúa ampliándose hasta incluir a todas las personas y seres vivos.
La idea es ir de lo cercano y accesible hacia algo cada vez más amplio.

¿Y qué pasa si no siento absolutamente nada?
¡Nada! 😄
Este punto es importante porque podemos hacer una meditación de amor benevolente y terminar pensando:
“Bueno… repetí cuatro frases durante diez minutos y no sentí ningún amor universal. ¿Lo hice mal?”
No.
Recordá: estamos entrenando una intención, no fabricando una emoción.
Una práctica que se cultiva
Si al principio te cuesta dirigirte estas frases, no te preocupes.
Pensá cuánto tiempo llevás practicando lo contrario.
¿Cuántos años llevás diciéndote que deberías hacer más, hacerlo mejor, aguantar un poquito más o no equivocarte?
Cambiar esa relación no ocurre porque un día decidimos “ser más amables con nosotros mismos”.
Se entrena.
Y la meditación de amor benevolente es justamente una forma de empezar a hacerlo: unos minutos cada vez, una frase cada vez, una intención cada vez.
Si querés seguir cultivando una relación más amable con vos, en mi grupo de WhatsApp comparto meditaciones, prácticas y pequeños recursos para llevar el mindfulness y el Kindfulness a la vida cotidiana.